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martes, 28 de julio de 2015

SOCIEDAD INICIÁTICA










SOCIEDAD INICIÁTICA





Los Hombres de Deseo


1.  Preámbulo Martinista
2.  La Iniciación y los estados internos del Ser en las Sociedades
3.  Conocimiento completo y formación iniciática
4.  Del simbolismo y el proceso iniciático
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1.  Preámbulo Martinista

Sin querer remontar a los primeros inicios del linaje iniciático, en que el enfoque de la hierohistoria (manifestación divina en la historia sagrada) tendría bastante que manifestar, habría que preguntarse, ¿qué es lo que da origen a una línea iniciática tradicional?, ¿es posible llegar de manera directa, al acontecimiento de un origen supra-humano?, ¿y en qué circunstancia es plausible intervenir o formar parte, como pretendiente en esta augusta cadena fraternal? La misma tradición atisba momentos generosos donde recoge determinadas clases de transmisión iniciática. Y esta situación en el tiempo, formula en épocas generacionales las constantes oportunas para proceder en buena gana. Cuando se habla de transmisión, hay que tener en cuenta varios factores de los que se depende: en primer lugar la eficiencia del rito como acción independiente de la transmisión de linaje iniciático al que se pertenece, y en una segunda postura aclaratoria, los sacramentos por los que procede a operar aquél regular como iniciador. Esto cuantifica realmente la operancia del Maestro, cuando oficia la transmisión de forma que insufle al adepto lo que él recogió en su experienciación. De ello, se añade como último factor, la importancia que debe darse al rito siempre y cuando, se mantenga la eficacia de haber sido insuflado espiritualmente desde esa influencia vertical, descendente y divina. La misma Iniciación por sí no cualifica una acción virtuosa por el mero hecho de estar insertada en dicha naturaleza, al contrario, siendo por la Gloria Divina lo que si cuantifica el proceso anteriormente comentado, precisamente, por ser de característica sacratísima.
 
En ciertas órdenes con legado sacramental, entre ellas la Orden Martinista, expresan ritualmente un conocimiento para despertar en el candidato, la transmisión del inconsciente como metamorfosis de un saber; un cambio en lo psíquico (alma, espíritu o pensamiento), que con el tiempo tendrá que aflorar el descubrimiento oculto de lo que aún no ha desarrollado. La Iniciación en sí, no avala lo suficiente como para garantizar al adepto una plena realización en esta clase de Naturaleza. De ahí que tenga la total relevancia del Maestro, al disponerse como un catalizador entre el miembro que va a ser iniciado, y la Gloria de la Divinidad a través del mismo Maestro como transmisor de un contenido. No obstante, Hay una idea más que común al saber por experiencia, sobre los resultados más que positivos desde que se mantiene un contacto de forma regular con dicha Naturaleza Divina.
 
Pues en el caso de no darse éste motivo, las oportunas comunicaciones sufrirían en el transcurso del tiempo, un cese más que evidente de los contactos mantenidos. Por tanto, cuando hablamos de regularidad, nos referimos a un aspecto asiduo y de continuidad en este campo el cual nos ocupa.


2.  La Iniciación y los estados internos del Ser en las Sociedades

Según lo aportado en líneas anteriores, habría que considerar lo que entendemos por Iniciación y sus rasgos más significativos dentro del panorama que incluye a los fenómenos espirituales. Las escuelas calificadas de iniciáticas, acostumbran a proponer al candidato un proceso de Iniciación como elemento viable, a una toma de conciencia con acceso al conocimiento, aquello que es definido como Gnosis. Pero la Iniciación en su amplio concepto conlleva a esclarecer oportunamente, lo que en su misma raíz advierte. En cualquier faceta de la vida cuando nos adentramos, estamos originando el comienzo de algo nuevo, una fase en la que además, nos sugiere el principio de algo. Es así como damos la entrada a nuestro Ser una vez pasado el pórtico del Templo. En igual manera, se crea en la mente la apertura a partir de la experiencia, a otros estados sensoriales donde la conciencia juega un papel importante en cada uno de sus niveles. Si menoscabamos sobre las formas externas como todo lo que origina un ritual por sus gestos, palabras y símbolos, obtendremos por sus causas, una transformación con acceso a lo sagrado; entendiendose en su finalidad por la modificación de una mente válida directa, o bien, una mente válida indiferencial. Pues, por la conciencia sensorial a modo de ejemplo, si optamos en la visualización de una flor, como bien puede ser una rosa, percibiremos todo lo relativo a su color, tamaño... encambio, si intentamos obtener por el tacto lo concerniente a su textura y otras impresiones respecto a ello, deberá ser con esta adaptación corporal del tacto a través de este nuevo cambio de conciencia. Pero claro, en el uso capaz de una conciencia sensorial que perciba y distinga todo en un mismo tiempo de un objeto o cosa determinada, y de un número indeterminado, resulta más que evidente al encontrarnos aún a día de hoy sin esta cualidad específica. Este estado al que me refiero, tiene que ver con un principio glorioso, místico, un estado al que se alcanza por la iluminación. Si tomamos como ejemplo un estado avanzado por la meditación en el trabajo de una manzana, obtendremos en primera persona como si de una película cinematográfica se tratase, un nivel distinto de cognición por medio de otro estado mental, desde el que podremos comprobar su movimiento, sus cambios constantes, su composición molecular, etc., hasta llegar a otro nivel de captación cognitiva, para descubrir cosas que aún no sabemos a modo intelectual o de raciocinio, un nuevo estado de mucha más actividad interna con facultad plena de reflexión y un recorrido en dicho trabajo, muy intenso por medio de la contemplación. De todo esto se deduce, las transformaciones que llegan al caso desde que tomamos conciencia con nuestro Yo superior, y un exitoso trabajo de alquimia con resultados de transmutación en pleno reconocimiento de un logro en el marco operativo.
 
Cuando estamos involucrados en un trabajo de conocimiento, éste se distingue por varias formas de actuación: desde su estado exotérico, el cual contiene desde un plano religioso aquello que tiene que ver con la moral, la lectura de los libros sagrados, salmos, plegarias, y una fe constitutiva de lo que abarca en toda espiritualidad, hasta la existencia de una Gnosis la cual transciende la fe y lo que con ella conlleva, en un reconocido esoterismo donde lo que permanece tiene un resultado en la sabiduría oculta. En S. Lucas 11,52 nos llega a decir:
 
"¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia -Gnosis-; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis".
 
Este conocimiento al cual refiere, es el que debe cultivarse interiormente, y no aquél, del que algunos hombres lo han corrupto por conveniencia de ellos, oscureciendo la luz de la claridad. Este conocimiento desde su vía interior, silencioso, es el que mueve a llamar al buscador, y del que llega a decirse que es marginal al no explicarse con palabras. Pues todo conocimiento que resplandece desde lo interno, sin palabras, significado, o representación alguna que toda cultura aborda en su condición social de lo humano, mantiene un lenguaje completamente distinto de la razón. Surgiendo desde el acéano profundo del interior de nuestra persona, y en contacto mutuo con la energía del Universo. Un conocimiento que nace para la guía de nuestra razón, y no llegando a ser lo contrario, desde un conocimiento de la razón para instrucción de enseñanza de lo silencioso. Esta Gnosis esotérica de la que siempre se ha sabido, ha quedado reservada y limitada para una minoría (con voluntad propia) en fase de aprendizaje. La condición pneumática del hombre, desde una conciencia superior (según nos descubre el Evangelio de Valentino), es la luz que establece un conocimiento desde el Ser supremo.
 
Ser parte del Mundo como ser humano, es caminar hacia el conocimiento; quienes se encuentran insatisfachos y tienen sed de la Verdad, son llamados en la búsqueda de la sabiduría; pero todos los demás, los que hacen gala de sus posesiones, de sus placeres y gozos terrenales, pasando por la vida sin la actitud requerida en la totalidad de su existencia, cosecharán la derrota y el olvido de sus cualidades como si de una piedra en bruto formaran ellos parte. Y es desde esa totalidad requerida, desde la indagación del hombre, lo que hace a su naturaleza la comprensión en la búsqueda de los Misterios. Amor, caridad, y en definitiva humildad, es lo que ennoblece a la espada al igual que al roble la fuerza.


3.  Conocimiento completo y formación iniciática

Desde que el ser humano es lo que es, no hay vacio alguno en él, pues todo rebosa en su borde. El conocimiento, el cual todo lo llena, responde a toda ausencia de las formas del ego, a la ausencia de cualquier pensamiento, pues en ello nada importa más sólo a través en la desnudez del silencio, aquel que todo lo colma.
 
En las Sagradas Escrituras leemos:
 
"(6) Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo,ni de los príncipes de este siglo, que perecen.
 
(7) Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra Gloria,
 
(8) la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de Gloria.
 
(13) Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.
 
(14) Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente"
 
I Corintios 2, 6-7- 8- 13- 14
 
Y encontrándose en el conocimiento completo [el hombre], en el que es verdadero, entonces, todo lo cubre la nada; y es desde aquí que todo lo impregna el vacío, del que todos procedemos; y llegados aquí, se produce el conocimiento verdadero, una plenitud de la realidad de lo que todo abarcamos. Cuando el ser humano requiere una necesidad de las cosas, constatamos al Mundo que hemos construído como lo real desde nuestra percepción; una ilusión más de la que hacemos verdadera. Por esto, es comprensible no limitar al Mundo desde lo que conocemos, ahogando su inmensidad. En la formación iniciática, las metodologías constituyen desde el espacio-tiempo, aquello de lo que necesita el ser humano en la construcción de una conciencia inicial, para llegar a los diferentes desarrollos como condición indispensable de los niveles, en la creación de una conciencia más libre. Cuando emprendemos el estudio de las diferentes formas físicas, la total relevancia del arquetipo numérico en conexión con la Geometría, se nos percibe en este último un nexo con el aspecto temporal; y en la forma, aquello que nos propone desde su expresión de espacio in situ.
 
En este modelo de vida, en el que Pitágoras incluiría las bases de una ciencia completa, bien a modo científico con elementos de naturaleza espiritual y metafísica, las matemáticas formalizaron un papel importante: "los números son los elementos que componen todas las cosas", además, enseñaba que "el Mundo entero no es sino armonía y aritmética"; observando un orden establecido regido en el Universo y representado simbólicamente por la Tetractys, una composición numérica de proporciones en armonía. Los números por tanto, eran concebidos como un lenguaje de leyes y representados como los principios eternos, disponiéndose a la vez como unidad y pluralidad. Y en esta unidad de la que todo proviene, llegó a separarse en dos aspectos o cualidades de existencia real, por los números, y una extensión indefinida calificada como espacio. Si suponemos que un intervalo es la distancia entre dos puntos, dispondríamos por la Tétrada al igual que los pitagóricos, el origen y la creación del Universo hasta la manifestación del Ser a través de sus porporciones: el punto -aparentemente-, la línea, superficie, y el volumen como el Mundo tridimensional (sugerido como pensamiento euclidiano) en el que el Ser llegó a manifestarse; momento éste, en el que quedaba establecida la comunidad pitagórica por su tres grados iniciáticos, el iniciado se encontraba preparado para la última etapa en que una serie de pruebas demostraba su salida de la Caverna hacia la luz. Esta comunidad pitagórica, basada en los más altos secretos, perduró durante siglos y llegó a influenciar a toda la tradición occidental.
 
Estas escuelas y religiones de carácter iniciático en el transcurso de la historia del ser humano, han tenido una difusión marcadamente esotérica como exotérica desde la óptica espiritual de los misterios. De todos ellos, tanto los Misterios Egipcios, los de Eleusis, de Mitra, de Dioniso, los órficos, etc., hasta llegar al siglo actual, han supuesto un conocimiento indudable para la continuidad de los mismos a través de su recorrido en la tradición iniciática occidental.
 
El conocimiento, aquel que abre la puerta de entrada a la Gnosis, a la sabiduría oculta y perpetuada desde los tiempos de los perfectos en línea de sucesión pasando por Jesús, se ha ido conformando como enseñanza secreta para aquellos elegidos en el camino de la Iniciación. Esta comunidad de "perfectos" u "hombres puros" en el camino del discipulado, encarna la vivencia de la muerte y resurrección del aceptado en continuación a un renacimiento espiritual. Esta consecuencia de los ritos iniciáticos en la persona, marca un antes y un después como finalidad en la transmutación de la esencia en su curso preparatorio y existencial dentro de las órdenes; en igual forma se busca trascender la condición de individualidad, para llegar a una situación de realidad misma con el Ser Unitario. Un recorrido esquemático desde el que se comienza a tomar conciencia desde la oscuridad hasta llegar a la luz; al igual que se planteaba en los tiempos de las concepciones platónicas. El alma, caída de las esferas superiores al abismo terrenal, vive aprisionada en un cuerpo material sin opción a escapar del karma (destino). Sólo a través de la recuperación de su Naturaleza por medio de la liberación hacia su materia prima, conseguirá aunar por el Uno la salvación con Dios. Es entonces desde el conocimiento lo que determina la identidad entre el Ser y el querer saber, el conocer y lo conocido; posibilitando con un razonamiento considerado, de que lo que se conoce es por el ser humano; caracterizándo a éste por lo que conoce. Este estado de conocimiento el cual se propone, no tiene cabida alguna con cualquier clase de erudición, teniendo en cuenta el estado de realización personal al que hay que llegar al inundarnos un nivel contemplativo como etapa última a la que se accede. Siendo desde ahí, cuando la Gnosis se hace palpable y ocurre la revelación como conocimiento y evolución interior.
 
"Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido"
 
S. Juan 16-24


4.  Del simbolismo y el proceso iniciático

Particularmente, al exponer un concepto de idea y las connotaciones importantes con que el símbolo ha originado en la sociedad humana, tropezamos con lo singular del asunto por intentar explicar el arraigo que éste ha suscitado en los variados cuestionamientos de la vida y su interacción con ella. Si de esto deducimos las características que se otorgan al símbolo y las distinciones con que surgen de su base raíz, entraríamos tal vez en la problemática de adecuar al mismo en un interés social y común. También es cierto que las grandes tradiciones han utilizado al símbolo en unos signos como lenguaje convencional y para el uso de todos. Por ello, habría que sintetizar dentro de este campo los dos aspectos que más envuelven a los ya conocidos, los símbolos naturales y los culturales. En el primer caso, el símbolo natural procede del inconsciente de la psique por sus contenidos, los cuales, nos inundan desde su interior en infinidad de situaciones como modelo arquetípico en su conjunto, unitario, o por sistema. En muchos casos se nos presenta como algo inteligible, oculto, y sin un significado concreto con que definir o nombrar. Pero transcurrido un tiempo llegan a definirse como algo en sí, aunque no necesariamente, ya que éstos pueden necesitar un período en que el proceso de maduración necesite de un trabajo constante. Y en cuanto al símbolo cultural, del que generalmente utilizamos en mayor frecuencia, nos provee de un significado ya conceptuado en muchas ocasiones y empleado por tradiciones, religiones, u otras sociedades, con un motivo de expresión al representarnos determinadas verdades; ya sean filosóficas, metafísicas o de naturaleza sacra. Toda esta clase de simbologías, conceptuadas o no, con o sin desarrollo consciente, permanecen en nuestro más íntimo subconsciente a la espera de ser despertado; aun así, los símbolos mantienen un poder de naturaleza que por su constitución, desempeñan un papel de consecuencias en la aportación emocional de la persona; ya sean para bien o para mal. De ello, se alude a las consecuencias que comprometen al ser humano en el hecho de contribuir a una influencia, cuando algunas quedan expuestas al reprimirse en el individuo. Igualmente, al conceptuar al símbolo desde un significado objetivo y en cierta manera coherente a nuestra comprensión, llega a representarse generalmente como convencional desde el punto de vista de algo o cosa sensible del que se toma como signo figurativo de otra, pero no por ello de iguales características; no necesariamente. El símbolo, ya sea éste un nombre, una imágen, un dibujo o rasgo determinado, con esencia propia, tiene concretamente la acción y el efecto de lo que por sí representa. Y por ésto mismo, cuando la imágen y la emoción se encuentran acompañadas, en compenetración mutua, se origina un mensaje de energía psíquica con alguna clase de resultado; es entonces cuando el arquetipo por sí mismo, cobra vida propia.
 
Queda pues demostrado como en esta tradición, los símbolos, constituyen de manera recíproca aquello que ha formado parte de un depósito significativo. Estos elementos de los que el teúrgo toma en su conjunto, corresponden simultáneamente a la cadena de la que él proviene y a lo que ha derivado como un soporte universal en el devenir de los acontecimientos. El trabajo con el que son desempeñados los símbolos, son la base inexcrutable de una enseñanza en el que tienen un valor fundamental cuando se exponen en los ritos y las prácticas con que se desenvuelven en dichas ceremonias. En el momento que se accede a la experiencia, los instrumentos de los que nos valemos resuelven apropiadamente lo que más adelante dará lugar a sus frutos: una Gnosis, como conocimiento que se recibe por intercesión de dios a través del Espíritu; y un trabajo por la mente, con la obtención de unos resultados desencadenando en un simbolismo. Apartir de aquí, este conocimiento supondrá una garantía extra para trabajos posteriores en que la meditación jugará un factor a tener en consideración. O aquellos resultados de los que también dependerá por ser provistos de las entidades con que se han operado. Si a esto le sumamos, un enriquecimiento resultante cada vez que accedamos a esa parte de la simbología, notaremos la incorporación de otros nuevos elementos en consonancia a un caudal inagotable como fuente de vida. En contrapartida, los símbolos, íntimamente ligados en la evolución del ser humano, denotan un alto valor iniciático cuando despertamos por el trabajo de nuestra conciencia, el motor de la intuición en semejanza desde el Yo más profundo de nuestro Ser en interacción con la autenticidad cósmica, en la que somos parte de ella. Esta enseñanza también nos pone en relieve lo meramente idealizado como especulativo, si este esfuerzo es minimizado al no pasar a otras formas de realización personal y de trabajo interno, al poder obtener sólo una parte del contenido de la transmisión; ya sea por su efecto independiente proveniente de la cadena tradicional, o desde el hecho singular del aporte histórico, bien sea virtual, imaginativo, etc. Sin embargo, esta fuerza que emerge como energía viviente de la conciencia, no es algo mecánico o ciego como podríamos suponer, ya que, al construir una imágen o esencia de pensamiento en la mente consciente, derivará de la misma en unión con los arquetipos profundos (si cabe su correspondencia) las imágenes o sensibilidades sugeridas desde el fondo más interno de su campo más sutil.
 
La conciencia normal que todos nosotros conocemos como tal, debe saber volcarse sobre sí misma y liberar la energía mental o psíquica de todo lo que se encuentra en el campo subconsciente, con la intención única de trabajar sobre ello. Esta parte consciente que ha tomado vida activa en el trabajo de desarrollo con el subconsciente, tenderá por dicha técnica, a que las imágenes emerjan en el consciente por medio de la intuición, los destellos, sueños o visiones, para proyectarse como un significado en su parte más racional. En las tradiciones mágicas las imágenes que se emplean como fuerzas sugerentes y a modo instructivo, son generalmente empleadas desde una selección requerida para que el operador pueda construír sobre ellas, aquello que la mente evocará desde su inconsciente colectivo. Por ello es importante que nos acojamos a la tradición de la que provenimos, ya que, éstas imégenes o símbolos, han quedado impresos o recogidos en esa corriente de pensamiento vibracional y que comprende al cósmos; habiendose formado una energía con carácter universal y una conciencia energética propia, con un poder de fuerza sumamente alentador. En las operaciones de Alta Magia o Teurgia Ceremonial, los miembros que se encuentran trabajando en la construcción mental de algún símbolo concreto, despiertan colectivamente en la visualización una carga energética y en pleno contacto con la energía cósmica, aquello que sintoniza con el arquetipo simbólico y que representa la corriente Divina. De esta forma, la fuerza idealizada como imágen o arquetipo en la conciencia del opeerador, actúa como transmisor de la energía referida y por ende, mantiene un vínculo estrecho con todas las capas del Ser. Estos arquetipos místicos convienen a ser indudablemente, una muestra de verdadera importancia en sus indicios de antigüedad; conteniendo la carga o energía adecuada desde su utilización en los Templos de Misterios. Por eso debe enfatizarse en lo predominante del grupo en su unión a un propósito común; de ahí la participación grupal de las mentes, como requisito previo a esa toma de contacto de fuerza emocional en el alcance de los objetivos. Cuánta más participación emocional en el sentimiento, más poder se conseguirá en la construcción de los deseos; sin olvidar entonces, la fuerza de poder que origina el pensamiento constructivo.
 
La metodología del rito iniciático en la formación del Templo interior, dignifica perfectamente la constitución de la persona de sus estados más internos. Por lo general el conjunto de rituales que integran la base completa e integral del Rito, representan la esencia homogénea de los trabajos en el iniciado. Y al igual que ocurre con casi todas las tradiciones marcadas por un patrón a seguir en cuanto a un escalonamiento en el paso de los grados, en similares circunstancias se determina en la persona una continuidad de ascenso en el desarrollo.
 
Desde esta perspectiva nos encontramos con dos consideraciones a tener en cuenta, una enseñanza propiamente dicha desde el aspecto iniciático, y un lenguaje de conocimiento expresado a través de una transmisión. Observando además en todo esto un estudio sistemático de cada logia o Templo en la representación de los pasos a seguir: contenido de enseñanzas en los símbolos verbales (en palabras "de paso", etc.), símbolos de expresión corporal (formas de entrada en la logia, de "batería", etc.), símbolos tonales o de color (pantáculo de la Orden, vestimenta del iniciado, el Templo, sus distintos grados, etc.),  símbolos de expresión numérica (los pasos caminados en el ritual, trazado de los nombres sagrados en el espacio, golpes de batería, trazado de hexagrama, luminarias, etc.); siendo de gran valor la enseñanza transmitida en todo el proceso iniciático. Y desde luego partiendo de la base, en que la formación del iniciado en cada uno de sus componentes es completamente utilitaria.  Estos ritos iniciáticos deben suponernos los medios adecuados y disciplinados, donde ofrezca una estructura a desarrollar según los grados del Templo. El caso que nos ocupa en la doctrina Martinista, los grados se desenvuelven por lo general en dos clases: la primera clase que consta de los grados Asociado, Iniciado y Superior Desconocido, y una segunda clase que determina el cuarto grado de Superior Desconocido Libre Iniciador. Esto es a modo definido lo que las órdenes Martinistas -en su mayoría-, ofrecen a los que ingresan como candidatos en ésta gran tradición.

"Reconozcamos también que la iniciación ritual es el medio más común y el más fácil de ingresar en la Orden Martinista. Ella proporciona a todo aquél que la recibe una poderosa ayuda. Un auxilio místico, en primer lugar, de los Hermanos pasados o presentes, en comunión de los cuales nos permite entrar más fácilmente. Ayuda moral y también material de los miembros contemporáneos. Auxilio intelectual por el socorro que solicita en el estudio de la doctrina, sea por trabajos en común, sea por la voz de los adeptos más avanzados, sea, principalmente, por las tradiciones de las cuales esos adeptos son el reflejo y que duermen en el seno de la Orden esperando un príncipe cuyo amor vendrá a despertarlas".

La Iniciación ritual Martinista y su enseñanza - 
Robert Amadou
("Louis-Claude de Saint-Martin y el Martinismo")

Las disposiciones anteriores nos permiten afianzar algo más el acceso fértil con que necesita la persona en su proceso de madurez. Por ello, los pasos decisivos hacia una tradición determinada, permiten secuenciar desde esa primera vinculación la influencia primordial que obtendrá el miembro desde un primer momento. Por tanto, toda Iniciación es necesaria como así támbién los distintos pasos por los grados de su proceso iniciático, en la medida que suponga el coraje y el esfuerzo suficiente por ésa andadura estrecha, angosta y de espinas. En este caso la Iniciación como tal equivale a magnificar las cualidades del buscador verdadero, en el empeño por pulir la piedra bruta al oro lustrado por los filósofos. Cuando el corazón siente la llamada y se siente predispuesto a iniciar el nuevo recorrido de la senda, ha llegado el momento de entregarse a la Vida. Y si las dudas se cruzan en el camino de la comprensión, éstas se convierten en pruebas para aquél que está preparado y a la vez sometido a ese cambio de identidad desde un nuevo estadio de purificación. Estas pruebas en las que el candidato se ve enfrentado y en igual forma comprometido, sólo conducen a dos caminos: el viaje a un nuevo estado de Ser con retorno a la Vía del Reparador -la Reintegración-, o el descenso al infierno donde se encuentran los mundos inferiores de su arcaica personalidad. Es fundamental no obstante, tomar conciencia de los conflictos interiores que perturban al ser humano cuando ahogan sus energías. descender a su parte oscura como cumplimiento del deber hacia su conciencia; Reconciliarse, Regenerarse y ascender nuevamente de retorno a la llamada interior, nacer para morir y volver a renacer a una nueva Vida de su Ser; condición ésta de su Naturaleza a consecuencia del plano material del que és, el que habita. Una vez más, la Iniciación nos desvela lo que representa como significado desde su raíz latina: Initium, inicio o comienzo; y por supuesto desde la tradición que nos asiste, nos referencia un "nuevo comienzo", un nuevo estado de Ser desde lo sagrado.

"Esperad, y yo os revelaré todo misterio y todo pleroma, y nada os ocultaré a partir de hoy.
 
Mas en perfección, yo os instruiré de toda perfección y de todos los misterios que son en sí mismos el fin de todos los fines y la Gnosis de todas las Gnosis, que hay en mi vestidura"
 
Instrucción de Jesús a sus discípulos
sobre los misterios - Cap. II
Pistis Sophia (El Evangelio de Valentino)



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